Experiencia Laboral en China de José López Alanís – FOSHAN

  • ChanoNombre: José López Alanís.
  • Nacionalidad Mexicana.
  • Formación Académica: Lic. en Comercio Internacional.
  • Conrtacto: jose.lo.alanis@gmail.com
  • Ocupación: Intérprete de chino.
  • Giro de la Empresa o Institución en la que laboraste en China: Docencia y Minería en varias empresas y universidades.
  • Experiencia.

(2009 Junio – Octubre)

Apenas me gradué de la universidad, en mayo de 2007, fui acreedor a una beca del gobierno de Michoacán y de la Secretaría de Economía para estudiar chino y realizar un proyecto de investigación en China, dentro de un programa conocido como Programa Formación de Negocios México-China. De septiembre de 2007 a mayo de 2009 estuve viviendo en las ciudades de Hangzhou y Beijing. Durante este tiempo me dediqué de tiempo completo al estudio del idioma y a investigar y redactar un proyecto sobre el desarrollo de la industria textil en la costa este de China. El último semestre lo cursé en Beijing. Un par de meses antes de graduarme de dicho programa, comencé a buscar trabajo por internet para poder prolongar mi estancia en China. Justo antes de cubrirse el plazo que me había propuesto, acudí a una breve entrevista que me llevaría a mudarme a la ciudad sureña de Foshan.

1. FOSHAN.

Me recibieron en el aeropuerto, me ofrecieron un salario aceptable para un recién egresado y se encargaron de hospedarme en un departamento privado en el centro de la ciudad. La empresa era una comercializadora de pisos de porcelanato que se presenta en su sitio web como un gran fabricante, pero que en realidad se abastece en distintas fábricas alrededor de la ciudad y después exporta los pisos bajo su propia marca. Por lo que me dijeron y por lo que leí en una hoja de información sobre mis funciones, supe que trabajaría en el departamento de compras de la empresa, contactando nuevas fábricas proveedoras y procurando obtener mejores precios que los que ya tenían. Me dieron un escritorio propio y espacioso y una computadora del año del caldo, pero no me dijeron más. De pronto me encargaban buscar algún tipo de piso en alguna fábrica, pedir alguna cotización, pero jamás acudí a ninguna negociación. En realidad los días comenzaron a transcurrir sin que hiciera realmente nada substancioso. Al paso de las semanas me cambiaron al departamento de ventas, donde tendría primero que capacitarme con otros chinos que ya tenían experiencia ahí, y me enviarían clientes nuevos de manera discrecional. La realidad fue que mis compañeros, pendientes de las comisiones por sus propias ventas, me ayudaron poco a comprender el funcionamiento del departamento. Después de más de dos meses de deambular por la empresa, sin ninguna función específica, sin alguien que me dijera, ni siquiera los gerentes o quien era mi jefe inmediato, cuál era mi función específica, se me asignó apoyar a un italiano y a una española en la construcción de un nuevo showroom para los famosos pisos de porcelanato. Mi trabajo fue el de acompañarlos en sus compras y servirles de traductor entre ellos y los albañiles encargados de dar forma al showroom. A pesar de que de pronto me encontraba más activo, haciendo algo específico aunque fuese de manera temporal, mi vida personal no era de lo más satisfactoria: después de haber estudiado 2 años de chino fui a parar a una ciudad en la que el idioma principal es el cantonés; la ciudad en sí no tenía mayor atractivo y ofrecía poco entretenimiento; la distancia que había entre mi lugar de trabajo y el departamento en que vivía en el centro me daba poco tiempo para mí mismo después de salir del trabajo; había pocos extranjeros y la exclusiva convivencia con chinos había hecho que, después de dos años de vivir en ese país, sintiera por primera vez un verdadero choque cultural. Ante lo poco halagüeño de mi situación y justo cuando ponderaba la posibilidad de renunciar y volverme a México, la secretaría del dueño de la empresa y uno de los subgerentes me invitaron a comer hot-pot de Chongqing en un restaurante del centro. Cuidadosos y sin saber cómo abordar tan sensible tema con el único de los empleados extranjeros de la empresa, comenzaron por hablar de temas poco relevantes, a brindar porque fulanito se casaba pronto y de sus vidas privadas, para de a poco comenzar a abordar la importancia de vender, lo poco rentable que resultaba tenerme sin hacer gran cosa y al final, como era de esperarse, terminaron por ofrecerme una disminución al salario pactado inicialmente. No me sorprendió la nueva oferta, ni la rechacé, simplemente terminé por poner una cruz sobre el calendario que simbolizaba el fin a una estancia de casi dos años y medio en China. Precavido de la costumbre china de pagar el mes completo de salario anterior entre los días 8 y 10 del mes posterior al ya trabajado, anuncié mi retiro 3 semanas antes de mi vuelo y les solicité que me pagaran poco antes de lo habitual, toda vez que el banco en el que se depositaban los salarios era local y no había manera de sacar ese dinero en México. Primero dijeron que sí, después que no. Hablé directamente con el dueño y dijo que no sería problema. Cuando fui con las encargadas de contabilidad, dijeron que tenían órdenes de pagarme acorde al calendario de todos. Cuando fui a hablar con uno de los gerentes, arguyó que era preciso respetar las fechas de la empresa y que nada se podía hacer. Jamás me pagaron. Volví a México con la sensación de que había trabajado por nada por casi 40 días y de que había sido estafado. Después de haber vivido feliz en ese país por más de dos años, mi primera experiencia laboral me dejaba con un mal sabor de boca, no sólo por la experiencia de haber trabajado entre puros chinos en una empresa local, sino por la forma en que los chinos se manejaron conmigo.

No volví a China sino hasta 3 años después. La necesidad de ir a Hong Kong a renovar mi visa, a inicios de este año, me hizo recordar aquel dinero que no cobré y que, por lo que me dijeron en correos electrónicos posteriores, sí depositaron en mi cuenta. Ya que estaba por Hong Kong, aproveché para volver a Foshan e informarme sobre mi vieja cuenta bancaria en esa pequeña sucursal de banco local. La sorpresa fue grande cuando en el banco me dijeron que el dinero sí estaba ahí y finalmente pude recuperar ese viejo salario.

Son varias las lecciones que obtuve de esta primera experiencia:

  1. Sin el afán de generalizar, creo que el gran problema fue que trabajé para una empresa que se hizo grande de un día a otro, pero que nunca supo lo que era contratar a un extranjero, ni comunicarse con un extranjero que trabajara para ellos. La falta de comunicación fue total y jamás supe cuáles eran realmente sus expectativas al momento de contratarme. Imagino que esperaban pusiera la casa en orden de  un día a otro, por arte de magia.
  2. Escoger bien la ciudad en la que se quiere trabajar es indispensable. Después de vivir en Hangzhou, una ciudad mediana y próspera de 6 millones de habitantes, y en Beijing, la capital política y cultural del país, mudarme a una ciudad que no tenía nada de cosmopolita, en una provincia en la que se hablaba otro idioma y sin absolutamente ningún atractivo, adaptarme fue realmente algo que nunca conseguí. En ocasiones bromeo que me volví a México por que en Foshan temía estarme volviendo loco o convirtiendo en chino, y que no quería ninguna de las dos cosas.
  3. Los mejores trabajos no son los que se encuentran viviendo en China, y mucho menos si se trata de trabajar en una empresa China o en una comercializadora china. Los salarios, a pesar de ser bastante mejores que los de los chinos, no se comparan con aquellos que puede conseguir un expat, es decir, alguien que encontró un trabajo en el exterior, normalmente en una trasnacional extranjera, y que fue enviado de exprofeso para trabajar en China.

 

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